Parte
2.
¿Recordáis
la entrada dedicada a uno de los distritos de nueva york, el Bronx?
Os
conté una realidad descrita por mi hermana, la cual lo vivió con sus propios
ojos y que tristemente es cierta y existe.
Además
de lo que os mencioné, como futura maestra me siento en la obligación de
contaros una serie de situaciones que me han contado y las cuales me ha hecho
reflexionar mucho sobre los niñ@s que nacen y habitan allí.
Uno de
los institutos de allí es el que podéis ver en la imagen:
Las
ventanas están valladas por seguridad, y como podéis ver es un instituto que no
tiene un aspecto muy agradable, dando la sensación de oscuridad y vejez.
Lo más
sorprendente de todo es este cartel, que podemos encontrar en más de una zona
del edificio:
“No se
permite juego de pelotas. Personas sentadas en frente del edificio”.
Increíble.
No permiten jugar a la pelota ni que la gente se siente en frente del edificio,
por si surge un tiroteo, o cualquier disputa entre bandas, para que no den a
los niños que estén en el recreo o en el colegio.
Además,
en la entrada del instituto hay detectores de metales para los alumnos y
profesores.
Si
preguntáis a las personas que residen allí o que conocen bien los barrios de
Bronx os dirán que la hora más segura para visitarlo es por la mañana, ya que
los pandilleros están en clase.
Estremecedora
realidad que me hace pensar el destino de los muchos niños que nacen y residen
allí, ya que la mayoría de ellos tienen por delante una vida llena de penumbras
y seguramente, violencia como forma de vida.
Que en
un instituto tenga que haber detectores de metales, o que no se pueda jugar en
su puerta, me causa verdadera tristeza por los miles de niños que aún con una
educación por delante, tienen un crudo camino por delante, en el que la violencia
está a la orden del día.
Me
encantaría si pudiera llevar a todos los chicos a otros colegios cada día,
lejos de allí, que se rodearan de felicidad y armonía y puedieran elegir su
futuro, sin condicionarlos por la sociedad y por lo allí vivido, teniendo una
infancia feliz, que es lo que se merecen todos los niños.
Y sobre
todo, me hace pensar lo afortunados que somos, y muchas veces no sabemos
apreciarlo, pero nada más hay que mirar a nuestro alrededor, personas que
tienen mucho menos que nosotros (que tenemos todo para formarnos y vivir
dignamente), con menos, mucho menos serían felices.
Y
quiero resaltar, que creo que todos tenemos derecho a elegir nuestro futuro.
ESTOS
CHIC@S TAMBIÉN.
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